En un planeta donde el 46% de la población global se concentra en territorios urbanos, 4.400 millones de personas, según el Banco Mundial, el concepto de Super Ciudades ha surgido como un camino para superar los desafíos de lograr un mayor crecimiento económico, reducir la pobreza y la desigualdad social, y adaptarnos al cambio climático.
Esa definición se aplica a la aglomeración de ciudades de tamaño medio que, articuladas bajo una visión estratégica orientan su desarrollo con criterios de sostenibilidad ambiental, fomentando las economías de escala, especializándose en sectores de alta tecnología e innovación, impulsando su vocación industrial, atrayendo actividades intensivas en conocimiento, proveyendo servicios públicos de alta calidad, y un urbanismo que mejor las condiciones de vida de sus habitantes.
Un referente de Super Ciudad es el área metropolitana de Miami, conformada por los condados de Miami-Dade, Broward y Palm Beach, determinante para el crecimiento, en términos reales, de más del 20% del PIB de Florida, desde finales de 2019 hasta el 2023, mayor que el de cualquier otro estado de la Unión Americana, de acuerdo con un estudio de McKinsey. Ese comportamiento se basa fundamentalmente en haber pasado de ser un simple destino vacacional, a constituirse en una metrópoli cosmopolita y un núcleo de negocios de talla mundial que genera un valor de mercado de los bienes y servicios adquiridos por el consumidor final de 1,4 billones de dólares, lo que la haría, si fuera un país, uno de los 20 más ricos del mundo.
Otro ejemplo es la llamada Metrópoli del Mar, integrada por las tres capitales vascas, Bilbao, Vitoria y San Sebastián, en España, interconectadas por 170 kilómetros de vías que se recorren en 2 horas y 15 minutos, y donde se concentran 1,7 millones de personas. Su evolución, luego de varias crisis económicas, se debe a la adopción de la cultura como motor productivo, su transición digital, tecnológica y energética; el desarrollo y la atracción de talento en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; y su posicionamiento como una región innovadora, atractiva para la inversión y caracterizada por la colaboración institucional y público y privada, tal como lo resaltó este año el Foro Económico Mundial.
Ambas experiencias nos hacen soñar en grande con el extraordinario cambio económico y social que podríamos conseguir si logramos hacer de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, una Super Ciudad donde vivimos 4,1 millones de habitantes, unida hoy por 221 kilómetros que, si estuvieran en doble calzada recorreríamos en 150 minutos.
¿Y por qué proyectarlas desde esta perspectiva? Manuel Fernández Ariza, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barranquilla responde contundentemente: Porque en el eje de estas tres capitales y sus zonas de influencia, se concentra el 21,87% de las exportaciones no minero energéticas del país; operan 1.791 empresas de mercado medio que permiten impulsar la productividad y el empleo; grandes compañías de la agroindustria, el sector petroquímico, materiales para la construcción, y productos para la salud y el aseo, bien posicionadas en mercados de Estados Unidos, Europa y Asia, y varias de comercio minorista con sólida presencia nacional. A ellas se suman importantes compañías cuyas exportaciones se basan en el modelo de negocio “Long Tail”, cola larga, en español, centrado en vender pequeños volúmenes de productos especializados a muchos clientes, en lugar de grandes a un número reducido de ellos.
Inventario de fortalezas de la Super Ciudad para el nearshoring según la CCB
El necesario cambio de perspectiva
El escritor y sicólogo estadounidense, Wayne Dyer nos enseña que cuando cambiamos la forma en que miramos las cosas, las cosas que miramos cambian. Con esta visión estratégica debemos hacer realidad la iniciativa de la Super Ciudad del Caribe para construir desde ya el futuro de la economía regional.
La realidad nos muestra que los territorios que más han crecido en los últimos 30 años en América tienen una escala cercana a 7 millones de habitantes. Uruguay, República Dominicana, Panamá y Costa Rica, son ejemplo de ello. En el Caribe colombiano tenemos el potencial para ser un HUB económico, logístico y turístico, con una población de más de 4.1 millones de personas, mayor que la de los dos últimos países mencionados.
Sin embargo, el PIB per cápita nuestro es de US$ 5.239, contra US$ 19.692 de Panamá y US$ 17.909 de Costa Rica. En exportaciones per cápita también estamos atrás. Las nuestras suman US$ 797. Las de Panamá, US$ 919, y las de Costa Rica, US$ 3,467. Y en inversión extranjera directa la diferencia es mucho mayor. Mientras la de Panamá es de US$ 2.327 millones y la de Costa Rica de US$ 4.687, las de Atlántico, Bolívar y Magdalena apenas suman US$ 847 millones.
Pero, más allá de esas cifras, lo importante es que sabemos de qué tamaño somos, qué tenemos, qué podemos desarrollar, y cuáles son los límites mentales que nos hemos impuesto para afrontar el reto de transformar nuestra realidad económica y social.
Integrar a Cartagena, Barranquilla y Santa Marta en una Super Ciudad no significa crear una nueva entidad político administrativa. Se trata de formular y poner en marcha una estrategia con visión de futuro para fusionarnos, internacionalizarnos y vendernos al mundo como una metrópoli. El primer paso en este hacer camino al andar es cambiar la mentalidad para lograr que las cosas pasen. Si le sumamos a ello el esfuerzo conjunto del sector privado y público, el Caribe colombiano estará listo para dar el siguiente paso hacia un crecimiento exponencial.